La boda de

Álvaro y Edith

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nuestra boda

Álvaro & Edith

Que tendrá lugar el

10 | Octubre | 2026

A las 13:00 horas en el
Santuario de Nuestra Señora de Cantonad

Los novios

Nos casamos

Groom

Álvaro López

Quintanilla Sopeña. 28 de agosto de 1990. Final de la época de cosecha.
Llegó al mundo un pequeño niño de pelo oscuro dispuesto a poner patas arriba todo a su alrededor.
Ya desde la infancia, su vida fue sobre ruedas: del cochecito pasó a la silla y de la silla al tractor amarillo de juguete con remolque. No habrá habido sobre la tierra un juguete al que se le hayan sacado más chispas y kilómetros que a aquel pequeño tractor. Y claro, tanto traqueteo conllevaba varias reparaciones a la semana, pero ahí estaba siempre el abuelo Luis, listo para arreglarlo.
Los años pasaron entre largas jornadas de escuela, estíos en el pueblo con los primos y la escuela de verano, belenes vivientes en Los Robles con la burra Carolina y largas sobremesas que se juntaban con las cenas con el mismo plato y la misma cuchara en la mano.
Poco a poco, fue ampliando horizontes. La Edesa le permitió unir Bercedo con Agüera y conocer a gente maravillosa que, con los años, pasaron de amigos a hermanos.
Y casi sin darse cuenta, entre fiestas de Santa Marina, San Esteban y San Bartolomé; épocas de siembra y cosecha y largos años de instituto, llegó la edad adulta.
Llegaron las responsabilidades de verdad. De lunes a viernes, estudios en Gijón; los fines de semana, de vuelta al pueblo a echar una mano en casa y amigos para descontar las pocas horas libres que quedaban. Honda, Seat Córdoba, John Deere y palas de molinos eólicos que se negaban a detener su ritmo frenético… la vida siguió rodando incesantemente.
Comenzaba otro año más la época de hierba cuando, un viernes de mediados de junio, decidió tomarse un respiro de sus quehaceres y bajar a las fiestas de Villasana. Lo que viene siendo cambiar las manos sucias de tierra y aceite de motor por otras sucias del kalimotxo derramado dándolo todo en el pase rock de la verbena.
Algo vio esa noche que le gustó, porque al día siguiente, sin planes de ningún tipo de volver a bajar, el azar, los amigos y las ganas de fiesta y de vivir la vida volvieron a dirigir su rumbo Cabrio abajo, camino de Villasana.
Vasos de plástico que se rompían, ginkases que se perdían en un goteo incesante, bailes en andamios y saltos imposibles… reclamaciones a aquella peñista de larga melena oscura de la 30 y Pico que se había quedado sin ginebra que servir… y lo que parecía el final, fue solo el principio. Él le pidió su número de teléfono; ella le dio un cartón de pizza y un bolígrafo de propaganda de whisky DYC para que apuntase el suyo. Marcó su número. La pantalla del móvil de él se encendió. Ella le robó el móvil y guardó ese número de teléfono con su nombre: Edith.
Desde ese momento, la vida siguió rodando Cabrio arriba y abajo.

❤️
Bride

Edith Sainz-Maza

La Presilla. 13 de junio de 1994. Inicio de la época de la hierba.
Llegó al mundo una criaturita calva el día grande de las fiestas de su pueblo, San Antonio.
Independiente y con genio, carácter y cabezonería desde la cuna. Pero siempre bien rodeada por su particular “cordón de seguridad”: familia y amigos, los que sabían que aquello era como una cebolla: había que ir quitando capas de mala leche para conocerla de verdad.
Ya desde bien pequeña, las musas fueron guiando sus gustos hacia el mundo creativo y artístico: dibujos por la parte trasera del calendario cuando abuela Teresa arrancaba la hoja del mes que acababa; abalorios para fabricar todo tipo de bisutería, llaveros y, ya de paso, alimentar a la aspiradora en casa; punto de cruz en tela de saco en la tienda con Carmina y, ya en el ámbito folclórico, jotas y castañuelas para ponerle ritmo a la vida.
Colegio entre semana, ensayo de danzas con Ecos del Valle los viernes por la tarde, los sábados cenita y cursos maquillísticos con el neceser de tía Maripaz en Concejero y, los domingos, fuego bajo en La Presilla para caldear las maratonianas timbas a la brisca.
Silbos de madera verde de avellano en primavera; rastrilla y fardos en el 35CV y paseos al Puntal y dragón hinchable triplaza en verano; recolección de champiñones en “LaSerna” en otoño y, si en los meses de invierno nevaba, muñeco de nieve con pala cuadrada al estilo Sainz-Maza.
Años de colegio e instituto en Villasana compaginando estudios y ocio. Cantonad abría la temporada en mayo; San Antonio y Santa Filomena marcaban la mitad de junio en plena época de exámenes; la Batalla de Flores de Laredo ponía el broche final a cada agosto y, en octubre, llegaba el Rosario en Medina. Y, ¿entre tanto? Recorrer la provincia de Burgos de norte a sur y de este a oeste al ritmo que marcasen Moderno y Eladio en las actuaciones estivales de danzas con su familia jotera.
Y llegó la época universitaria: la de salir del pueblo y sentirse un poco Paco Martínez Soria al llegar a la ciudad. Por suerte, en aquel aula de Sarriko encontró dos rostros igual de perdidos que el suyo, con quienes, además, los trayectos en tren y bus acabaron convirtiéndose en parte de la propia experiencia universitaria. Cuatro años que dieron para acumular cajas y cajas de apuntes, risas y aventuras de esas que te guardas en el corazoncito para siempre, y amigos que, aunque hoy no veas tan a menudo, se convirtieron en familia.
Y así fueron cayendo las hojas del calendario, mes a mes, año a año. Pequeños cambios, grandes amigos, familia y, en alternancia, pueblo y ciudad. Y llegaron, un año más, las fiestas de Villasana. Aquel junio tocó soplar 25 velas en la tarta.
Segundo año en la Peña 30 y Pico y, aquel sábado de fiestas, los vasos de cubata de plástico se rompían. Vino a pedir la hoja de reclamaciones por ello un montijano moreno que iba perdiendo sus ginkases por toda la verbena.
Pero aquella noche, esas reclamaciones acabaron convirtiéndose en risas y teléfonos intercambiados con un bolígrafo de propaganda de whisky DYC sobre un cartón de pizza. Sin planearlo, la vida acababa de ponerlos en el mismo camino. Cabrio arriba, cabrio abajo, la historia se fue escribiendo sola.

Nuestra historia

Fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto,
Tú reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto
Cántame una canción, al oído, y te pongo un cubata
Con una condición: Que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata…

dijo el inigualable Joaquín Sabina en una de sus letras.

First Date
Fiestas de Villasana, plaza San Antonio, Peña 30 y pico...

...ese fue el escenario donde se escribió el primer capítulo de nuestra historia.
No hubo mar.
No hubo concierto (aunque hubo verbena).
Y con las frías noches de junio en Villasana, tampoco hubo balcones abiertos.

In A Relationship
El principio de algo

Pero sí hubo alguien reinando detrás de la barra del último garito que quedaba abierto.
Y sí, también hubo algún que otro cubata.
Un bolígrafo de propaganda de whisky DYC y un pequeño cartón de pizza sirvieron para que intercambiáramos nuestros teléfonos aquella madrugada.

We're Engaged
¿Y ahora qué?

Miles de risas y momentos locos, cientos de kilómetros a nuestras espaldas en coche, avión y tractor, e infinidad de sueños compartidos, cumplidos y aún por cumplir, nos han traído hasta aquí.
El próximo 10 de octubre escribiremos otro capítulo en esta historia. Uno muy importante. Quizá el más bonito hasta la fecha. ¿Nos acompañas?

¿Cuándo y dónde?

¡Te esperamos!

La ceremonia

Sábado 10 de octubre de 2026
13:00 h

Santuario de Nuestra Señora de Cantonad, Vivanco

La celebración

Sábado 10 de octubre de 2026
15:00 h

Hotel Restaurante Don Pablo, Villasana de Mena

¿Vienes?

Por favor, confírmanos para que podamos contar contigo

** Habrá autobuses desde Medina de Pomar hasta el lugar de la ceremonia ida y vuelta.
Paradas en Medina / Villasante / Quintanilla / Repsol de Bercedo / Leciñana / Cantonad / Don Pablo